Implante podría brindar lágrimas de alegría a los afectados de ojo seco

(11/12/15, por Ben Coxworth) – Causado por la falta del fluido lagrimal apropiado, el síndrome del ojo seco es la enfermedad más común alrededor del mundo entre las afecciones oculares. Aunque muy raramente resulta en una pérdida completa de la visión, es doloroso y puede llevar a úlceras o cicatrices en la córnea. En este marco, podría haber una nueva esperanza para los que padecen esta condición, ya que científicos de la Universidad de Stanford –en Estados Unidos– han creado un implante que hace que el ojo produzca más lágrimas.

Desarrollado por un equipo liderado por el profesor Daniel Palanker (e inspirado por una idea proveniente del trabajo posdoctoral de Michael Ackerman), el dispositivo tiene 16 mm de largo, 4 mm de ancho y 2 mm de espesor.

En pruebas de laboratorio, fue implantado en la glándula lagrimal inferior de los ojos de conejos. Cuando fue activado de forma remota, el implante estimuló la glándula, lo que resultó en una producción de casi un 57% más de lágrimas. Los científicos tuvieron una mejor (y más duradera) respuesta cuando usaron el dispositivo para estimular la vía neural aferente de los animales –esto es el enlace entre el cerebro y las neuronas sensitivas en el ojo, las cuales provocan la respuesta lagrimal–.

No obstante, las proteínas y los lípidos contenidos en las lágrimas artificialmente inducidas todavía necesitan ser analizados. Esto es debido a que, en algunos casos de ojo seco, no es que no haya suficiente fluido lagrimal, sino que el que está presente tiene una mala consistencia.

El implante se encuentra actualmente bajo ensayos clínicos, con el fin de obtener la aprobación de la FDA. Palanker espera que si todo va bien, pueda estar disponible comercialmente dentro de un año.

Un documento sobre la investigación fue publicado hoy en la revista científica Journal of Neural Engineering.

 

Artículo original en inglés disponible en: http://www.gizmag.com/dry-eye-implant/40879/

Versión en español: Ana Varco para AMANDOS

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Historia 10 – En camino (Florencia Sarratea)

Estaba bien. Ya era sorda, sí, y debía estar muy atenta a mis ojos secos, pero me sentía bien. Llevaba adelante todo de la mejor manera que podía. Pero empecé a tener sensaciones raras en las piernas, en la cintura, en el cuello…

(Para leer la historia completa, haz clic en el siguiente enlace: http://www.amandos.org/quienes-somos/generica/florencia-sarratea-ii.html)

Tratamiento con células madre actúa sobre las lesiones de la médula espinal en ensayos preclínicos

(23/11/15) – Cuando un golpe contundente daña la médula espinal, el sistema inmunológico del cuerpo puede ser a la vez amigo y enemigo. Al sentir la lesión, el sistema inmune envía una respuesta inflamatoria que se compone de células especializadas, llamadas macrófagos, para disponer del tejido muerto. Sin embargo, junto con los desechos y la sangre de la lesión inicial, los macrófagos también eliminan tejido sano, lo que resulta en un mayor tamaño de la lesión en el sitio de la herida y en la pérdida de función adicional de la médula espinal.

¿Y si fuera posible reducir el tamaño de la lesión en la médula espinal, y preservar así más de la función medular y del nervio?

Los científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve (CWRU) han demostrado que una familia de células madre terapéuticas, llamadas células progenitoras adultas multipotentes (MAPC, su sigla en inglés), disminuye las consecuencias del daño que provoca la segunda respuesta del sistema inmune en la función medular y preserva funciones que de otro modo se perderían. Sus conclusiones, que resultaron en mejoras significativas en la función motora y urinaria en animales de laboratorio, aparecieron en la edición del 19 de noviembre de Scientific Reports, una revista científica en línea, de los editores de la revista Nature.

El equipo de investigación, dirigido por Jerry Silver, médico y profesor de neurociencias en la CWRU, ha demostrado que las células MAPC tienen la capacidad de modular la conducta agresiva de los macrófagos: hacen que estos sigan proporcionando la limpieza de desechos necesaria, pero mostrándose menos perjudiciales para el tejido sano.

La investigación en el laboratorio de Silver, llevada a cabo por el autor principal Marc A. DePaul, también demostró que el tiempo es un factor en la promoción de una respuesta inmune positiva con las MAPC. Estas células fueron inyectadas en animales de laboratorio un día después de la lesión y viajaron primariamente a sus bazos, un depósito para los macrófagos inmaduros, resultando en una respuesta inmune de los macrófagos beneficiosos que ahorró más tejido de la médula espinal. En consecuencia, los animales que recibieron tratamiento demostraron notablemente mejorados el control motor de la pata trasera y la función urinaria. Se tarda aproximadamente un día para que el sistema inmune reconozca y luego comience a responder a una amenaza causada por lesión o enfermedad. Cuando se administraron las MAPC demasiado pronto (inmediatamente después de la lesión) o no fueron suministradas (grupo de control), los animales de laboratorio no recibieron ningún beneficio.

“Había una notable neuroprotección con los macrófagos más amigables”, dijo Silver. “La médula espinal era más grande, más sana, con mucho menos daño a los tejidos”, agregó.

Esta reciente investigación complementa un descubrimiento del laboratorio de Silver en el 2014, cuando los investigadores se dieron cuenta de que un compuesto que desarrollaron, el peptido intracelular sigma (ISP), mejora la plasticidad nerviosa y la regeneración después de una lesión de la médula espinal. El ISP restauró una función considerable a los animales de laboratorio en los que el compuesto se ensayó.

“Nuestro sueño para el futuro es la combinación de la neuroprotección de las MAPC con la capacidad neurogenerativa del ISP”, dijo el Dr. Silver. “Ambos pueden ser administrados sistémicamente, por lo que no hay necesidad de tocar la médula espinal. Ya está lo suficientemente dañada”, concluyó.

 

Artículo original en inglés disponible en: http://medicalxpress.com/news/2015-11-stem-cell-treatment-immune-response.html

Versión en español: Ana Varco para AMANDOS

 

 

 

¿Cómo funciona la terapia génica, este sistema que avanza para curar enfermedades?

(17/11/15, por Rita Zilhão, Facultad de Ciencias de Lisboa, Portugal) – En 1989 fue, con aprobación oficial, realizada la primera transferencia de genes en humanos. Desde entonces, han sido desarrolladas estrategias de transferencia de genes “saludables” hacia individuos afectados por enfermedades resultantes de alteraciones en las secuencias de los genes –mutaciones– como una tentativa de corrección de los daños causados en los genes mutados. Este proceso de cura mediante transferencia de genes se llama terapia génica. Así, en unos casos, para sustituir el efecto de la mutación, basta suministrar a las células una copia adicional, idéntica a la del gen mutado, pero que no contenga la mutación. En otros, sin embargo, si el producto del gen mutado es de alguna manera perjudicial para la célula, solo su remoción y sustitución por una copia sana resolverá el daño causado. Fue por esta cuestión de sustitución de un gen por otro que los científicos descubrieron que un sistema de defensa inmunológico adaptativo, que sucede de modo natural en bacterias, puede ser utilizado para modificar de un modo altamente específico genomas de organismos más desarrollados, como los mamíferos. El sistema, y esto va solo para su conocimiento y entretenimiento, se llama Clustered, regularly-interspaced, short palindromic repeats. Fácil, ¿no? Pero ya existe su acrónimo, y ese sí es muy fácil: CRISPR/Cas9.

De una manera muy sencilla, el sistema CRISPR posee esencialmente tres partes: una enzima –Cas9- que posee la particularidad de escindir las dos cadenas de moléculas de ADN, pero lo hace de modo específico, es decir, que corta una secuencia específica. ¿Cómo es que la enzima reconoce la referida secuencia? Porque en el sistema hay un segundo componente, una molécula de ARN que actúa como liga para guiar la ubicación específica en la que el corte debe llevarse a cabo. Le indica así a Cas9 dónde actuar. Por este motivo, se llama Guía de ARN (gRNA). Ahora, imagine que la molécula de ARN se ha diseñado a propósito para que el corte se produzca en la ubicación de la mutación que da lugar a la enfermedad. Sucede una interferencia con el gen endógeno mutado, que lleva a su corte por Cas9 y la célula no podrá sobrevivir. ¿Asunto resuelto? No, porque el objetivo no es matar las células. El objetivo es que las células obtengan el gen saludable. Aquí entra entonces en acción el tercer componente, que corresponde a la molécula de ADN que contiene el gen sano y que se espera que sustituya la secuencia de ADN correspondiente al gen mutado. ¿Cómo es esto posible? Porque la gran mayoría de los seres vivos –de modo más o de modo menos eficiente, según el caso– tienen la capacidad de intercambiar pedazos de ADN entre sí, siempre que contengan cierta homología entre ellos (semejanza, relativa a los nucleótidos que componen las moléculas de ADN). Esto se denomina recombinación homóloga. De acuerdo, vamos entonces a unir las piezas del rompecabezas: la porción de ADN que contiene el gen sano (el tercer componente) se recombina con el gen mutado, con el que mantiene muchas secuencias homólogas y se integra en el ADN genómico sustituyéndolo. Pero mientras que el gen mutado está sujeto a la interferencia arriba referida (gRNA + corte por Cas9), porque el gRNA es específico de la secuencia del gen mutado, el gen saludable, por su parte, que no posee la secuencia con la mutación, no es reconocido por el gRNA y, como tal, no es asimilado para ser cortado. Luego, las células en las que ocurrió la integración en el genoma del gen sano van no solo a sobrevivir, sino también a ¡ser sanas! ¡Uf! Espero haber logrado explicar…

Son innumerables las publicaciones en revistas científicas importantes en las que es bien evidente cómo ha sido la evolución de esta tecnología y de otros procesos celulares que han tenido aplicación en procedimientos que conducirían a la cura de enfermedades genéticas, como la fibrosis quística (FQ) y la distrofia muscular de Duchenne (DMD). Pese a que la metodología CRISPR tiene incontables aplicaciones, es indiscutible su contribución para la terapia génica que, a su ritmo, va dando sus pasos y haciéndose cada vez más una realidad concreta.

 

Artículo original en portugués disponible en: https://cientistasdescobriramque.wordpress.com/2015/11/17/mais-um-passo-em-frente-na-cura-de-doencas-por-terapia-genica-o-sistema-crispr/

Versión en español: Ana Varco para AMANDOS