Los antibióticos que matan las bacterias intestinales también podrían detener el crecimiento de nuevas células cerebrales

(19/5/16) – Los antibióticos lo suficientemente fuertes como para matar las bacterias del intestino también pueden detener el crecimiento de nuevas células cerebrales en el hipocampo, una sección del cerebro asociada con la memoria, según un estudio en ratones publicado el 19 de mayo en Cell Reports. Los investigadores también descubrieron una pista de por qué un tipo de glóbulo blanco parece actuar como un comunicador entre el cerebro, el sistema inmunológico y el intestino.

“Hemos encontrado que el tratamiento antibiótico prolongado podría afectar la función cerebral”, dice la autora Susanne Asu Wolf, del Centro de Medicina Molecular Max-Delbrueck en Berlín, Alemania. “Sin embargo, los probióticos y el ejercicio pueden equilibrar la plasticidad cerebral y deben ser considerados como una opción de tratamiento real”, agrega.

Wolf vio por primera vez indicios de que el sistema inmune podría influir en la salud y el crecimiento de las células del cerebro, a través de la investigación de las células T hace casi diez años. No obstante, había pocos estudios que hubieran encontrado un vínculo desde el cerebro hasta el sistema inmunológico y, de ahí, al intestino.

En el nuevo estudio, los investigadores dieron a un grupo de ratones suficientes antibióticos para que se convirtieran en casi libres de microbios intestinales. En comparación con los ratones no tratados, los ratones que perdieron sus bacterias intestinales saludables realizaron peores pruebas de memoria y mostraron una pérdida de la neurogénesis (nuevas células cerebrales) en una sección de su hipocampo que normalmente la produce. Al mismo tiempo que los ratones experimentaron pérdida de la memoria y neurogénesis, el equipo de investigación detectó un nivel más bajo de las células blancas de la sangre (monocitos, específicamente) marcadas con Ly6Chi en el cerebro, la sangre y la médula ósea. Así, los investigadores testearon si se trataba efectivamente de los monocitos Ly6Chi detrás de los cambios en la neurogénesis y la memoria.

En otro experimento, el equipo de investigación comparó a los ratones no tratados con ratones que tenían normales niveles de bacteria intestinal saludable, pero con niveles bajos de Ly6Chi, ya sea debido a la genética o debido al tratamiento con anticuerpos que se dirigen a las células Ly6Chi. En ambos casos, los ratones con niveles bajos de Ly6Chi mostraron los mismos déficits de memoria y de neurogénesis que los ratones que habían perdido las bacterias intestinales en el otro experimento. Además, si los investigadores reemplazaban los niveles de Ly6Chi en los ratones tratados con antibióticos, a continuación, la memoria y la neurogénesis mejoraban.

“Para nosotros, fue impresionante encontrar estas células Ly6Chi que viajan desde la periferia hasta el cerebro, y si hay algo mal en el microbioma, Ly6Chi actúa como una celda de comunicación”, explica Wolf.

Afortunadamente, los efectos secundarios adversos de los antibióticos podrían revertirse. Los ratones que recibieron probióticos o que ejercitan en una rueda después de recibir antibióticos recuperan memoria y neurogénesis. “La magnitud de la acción de los probióticos en las células Ly6Chi, la neurogénesis y la cognición me impresionó”, manifiesta.

Pero uno de los resultados en el experimento plantea más preguntas acerca de las bacterias de los intestinos y el vínculo entre Ly6Chi y el cerebro. Mientras que los probióticos ayudaron a los ratones a recuperar la memoria, los trasplantes fecales para restaurar bacterias intestinales saludables no tuvieron efecto.

“Fue sorprendente que el trasplante fecal normal restaurara amplias bacterias intestinales, pero no se recuperó la neurogénesis”, dice Wolf. “Esto podría ser una pista hacia los efectos directos de los antibióticos sobre la neurogénesis sin necesidad de utilizar el desvío a través del intestino. Para descifrar esto, podríamos tratar a ratones libres de gérmenes sin flora intestinal con antibióticos, y ver lo que es diferente”, añade.

En el futuro, los investigadores también esperan ver más ensayos clínicos que averigüen si los tratamientos probióticos mejoran los síntomas en pacientes con trastornos neurodegenerativos y psiquiátricos. “Podríamos medir el resultado en el estado de ánimo, en síntomas psiquiátricos, la composición del microbioma y la función inmunológica celular antes y después del tratamiento probiótico”, concluye Wolf.

 

Artículo original en inglés: https://www.sciencedaily.com/releases/2016/05/160519130105.htm#

Versión en español: Ana Varco para AMANDOS

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